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Quiero esto en mi Blog!

viernes, 29 de abril de 2016

El pelo y enfermedad celíaca

¿Nunca os preguntáis si la enfermedad celíaca afecta a nuestro pelo?

A mí me gusta tener el pelo largo, pero siempre se me rompía y terminaban cortándomelo. A una amiga de mi madre le pasaba lo mismo.

Además, tenía hermorragias nasales, me dolía a veces la cabeza y me mareaba. El médico me hacía analíticas y tenía un poco bajo el hierro, no mucho, pero me recetaban un medicamento para que no me marease y ya. Todo lo demás era normal. Nada presagiaba que yo fuera celíaca.

Y mi madre, como ella también es celíaca, pues disfrutaba viéndome comer cosas con gluten, así que me compraba panes diferentes y cosas buenísimas.

Ayer le pregunté a una amiga pediatra, siempre le pregunto a ella... y me dijo que la enfermedad celíaca está muy relacionada con la caída del pelo, y con tener el pelo débil. Que cuando somos celíacos y no lo sabemos o comemos gluten aún sabiéndolo, nuestro cuerpo está mal nutrido y se estropea, por dentro y por fuera. Según me contaba Lola, una de las cosas que antes se daña, cuando eres celíaco y no lo sabes, es el pelo. Sufre mucho porque, normalmente tenemos anemia, y eso afecta directamente a la calidad del pelo.

Pues ya tenemos  la respuesta... con razón a mí se me caía y estropeaba el pelo.

Ahora por fin he conseguido dejarme el pelo largo, y ya no se me rompe. Al fin lo he conseguido, cinco años después de ser diagnosticada.

Pues el pelo débil es otro síntoma de la enfermedad celíaca... 

¿Os ha pasado a vosotros?

Por eso es importante el diagnóstico a tiempo, para evitar males mayores... la enfermedad celíaca, se ha convertido en poco tiempo, en una enfermedad común. 

Vamos a pedirle a los médicos, que piensen en ella.


Seguimos leyéndonos.





miércoles, 27 de abril de 2016

Listado de alimentos sin gluten.

Pues yo no me he enterado de esto hasta hace unos días.

Estaba buscando en Google cosas sobre el etiquetado y me encontré con una noticia del año 2.013 en la que se hablaba de la lista de alimentos sin gluten.

Y pensé... ¡Anda pero si hay una lista! ¡Qué bien!

Pues no, no tan bien.

Efectivamente existe una lista, pero es privada, solo puede acceder a ella si pagas una cuota anual. Y yo me pregunto, ¿por qué no se ha hecho una lista pública?

¿No es lo mínimo que podría hacer el Ministerio de Sanidad por nosotros? 

No lo entiendo... 

¿Por qué existe un prospecto para los medicamentos? ¡Pues porque es necesario! ¿Y una lista de alimentos sin gluten que podamos consultar todos no? ¿Seguro que no? ¡Yo creo que sí! Es necesaria y sobre todo es fundamental que se pueda consultar fácilmente por cualquiera. ¿Os imagináis que los señores que tienen un restaurante, o los que venden chuches en el quiosco, pudieran consultar esa lista cuando les preguntas si ese alimento contiene gluten? 

¿A que sería genial que nos pudieran responder con seguridad?

Pues hay que escribir al Defensor del Pueblo para que nos ayude también en esto.

La verdad es que me he quedado un poco asustada... solo existe una lista y es privada. 

Como diría mi abuelo de Asturias "esto solo pasa aquí"

La verdad es que me he quedado con los ojos como platos... pues efectivamente, además de los precios, también podríamos hablar de estas cosas que nos hacen a unos diferentes de otros. Que esto no es un bolso de piel, esto es una enfermedad. Que yo no quiero un bolso de marca, quiero pan a precio popular, que no pido un milagro, pido justicia.

¡Ah! Y por favor... que la lista de alimentos sin gluten, que el Ministerio de Sanidad se encargue de elaborarla, que no compren la privada, porque entonces estaríamos haciendo un pan con unas tortas.

¡Un listado público ya! 

ES URGENTE.

¡Seguimos leyéndonos!




lunes, 25 de abril de 2016

El precio de los alimentos sin gluten

El otro día leí en Twitter que últimamente no se habla de otra cosa más que de los precios de los alimentos sin gluten. Y lo decían con indignación.

Yo no entiendo nada... ¿Alguna vez habéis oído hablar de investigación? ¡Pocas! Pues a mí me gustaría que se hablara más de investigación, mucho más.

¿De qué oíamos hablar hace un año, y que no era de los precios? ¿De los restaurantes dónde podíamos comer sin gluten? ¡Sí! Eso está genial, de hecho, muy pronto entrevistaré a al dueño de una cafetería, ¡delicioso todo lo que tiene! Y feliz de que haya optado por ayudarnos a los celíacos.

¿De qué otra oíamos hablar? ¿De recetas de cocina? Aprender a cocinar está muy bien, pero eso ¿evita que yo siga pagando el precio que pago por mi pasta sin gluten? Me temo que no.

Pero, y qué pasa... ¿Qué tiene de malo hablar de los precios de los alimentos en nuestra mesa? ¿Los que día a día tenemos que pagar el doble, el triple o lo que sea, para poder comer con normalidad? ¿Por qué hay gente que se molesta por eso?

Y encima lo dicen y lo  cuentan y lo escriben como si tuvieran toda la razón del mundo. 

Pues yo estoy contentísima de que se hable de los precios de los alimentos sin gluten. Estoy cansada de que mi pan cueste 9 euros el kilo... el kilo, que siempre hay quien dice que él o ella compran la baguettina a 70 céntimos... ¿Pero cuántos gramos pesa esa baguettina? ¡El kilo! Siempre hablo del kilo.

¿Sabéis lo que creo yo? Que es fantástico que se hable del precio de nuestros alimentos, que se sepa, que se pregunte, que se investigue, que se  interese España entera por nuestra forma de vida, solo así podremos conseguir que se nos entienda y que se nos ayude. 

Lo siento por aquellos a quien nos les gusta... pero deben respetar lo que los demás también queremos. 

Y yo estoy encantada de que se hable de algo tan importante. ¿Y vosotros?

Yo solo pienso en el día en que en mi mesa y en la de mis hermanos, haya pan a diario.

¡Seguimos leyéndonos!



viernes, 22 de abril de 2016

Puede contener trazas de trigo

Pues yo hoy estoy enfadada... muy enfadada.

Resulta que encuentro un chocolate con una pinta buenísima, lo cojo, empiezo a darle vueltas a ver si encuentro por algún lado la espiga tachada que me advierta que no contiene gluten, pero ¡nada! Ni rastro.

Así que a leer los ingredientes, ¡necesito una lupa!

¡Pues qué mal! Estos días tengo conjuntivitis y los ojos me lloran continuamente, aún así me toca leer esa miniatura de letras.

A ver... cacao, azúcar, manteca, aceite de no sé cuantas cosas, almidón de maíz modificado (un día tenemos que hablar del almidón modificado) almendras... y un poco más abajo, en letra tan pequeña que tengo que guiñar los ojos para verlo dice: Puede contener trazas de trigo.

Guassss... ¡Ya está! Mi ilusión por los suelos. ¡Agggg! ¡Qué rabia me da!

¿A que alguna vez os ha pasado eso a vosotros también?     

¿Qué querrá decir puede contener trazas de trigo? Ya, ya, que ha sido fabricado en una máquina que antes fabricó cosas con trigo, que ha podido caer algo encima y se ha contaminado de trigo, que se envasa en el mismo que otras cosas que contienen trigo... y digo yo... ¿No habrá alguna manera de controlar estas trazas?

¿Y no os parece que es un poco raro ese frase? ¡Puede contener trazas de trigo! 

Resumiendo... ¿Lo puedo comer o no?  Si puede, será que es probable que lo contenga, y si es probable, ¿por qué no se etiqueta como con gluten?  

¿No os llama mucho la atención mucho eso?

¿Os imagináis que en una botella de vino pusiera "puede contener alcohol"?     

¿O que un paquete de tabaco pusiera "puede contener nicotina"?

¿O que una botella de refresco pusiera "puede contener cafeína"?

En fin... ¡Que vamos a  seguir leyendo etiquetas!

Seguimos leyéndonos.



                                            

miércoles, 20 de abril de 2016

La sonrisa de clara... un cuento para aprender

Lo primero deciros, que el cuento lo escribieron en la asociación Celíacos en Acción, y que las imágenes son de María Aller. Ella subió este cuento a su blog, A la derecha de este post, podéis encontrarlo.
¡Gracias María! ¡Me encanta esta Clara! 

Hacía muchos años que la sonrisa de Clara había desaparecido...
Su padre, el rey más poderoso de todo el continente estaba muy preocupado. Así que decidió reunir a sus ministros e informales de la rara enfermedad que afectaba a la princesa.

Todos los ministros coincidieron en que la empresa era difícil... pero uno propuso una solución!
Llamarían  a los payasos más graciosos y simpáticos del país, y les ofrecerían un gran saco de oro, si conseguían arrancarle una sonrisa a Clara.
Se efectuaron todos los arreglos necesarios para el gran evento, se convocaron a todos los niños del reino, se prepararon 1.000 kilos de palomitas de colores... helados de todos los sabores, grandes tartas y muchísimos músicos para que animaran a los payasos.

Llegó el gran día y todos los habitantes estaban expectantes... ¡qué ilusionados sus hijos!
La princesa, como siempre, se sentó al lado de su padre... Clara acababa de cumplir los 12 años, pero su cuerpo aparentaba tener 7. Era muy menuda, el pelo lacio y quebradizo, unas ojeras azuladas destacaban sobre la blanca piel de su cara. A la altura de la cintura, un abdomen prominente sobresalía...
Pero lo que realmente llamaba la atención de Clara, eran sus labios, siempre inertes a cualquier comentario o gracia.
Clara no conocía la sonrisa.
Comenzó la actuación del primer payaso... volteretas patosas, malabares imposibles... las carcajadas del resto de niños retumbaban bajo la carpa.
El segundo payaso era aún mejor... ¡menudos zapatos! Tenían unos lazos enormes y se los pisaba todo el rato! Y otra vez, ¡plas! Se había vuelto a caer... ¡qué divertido! Gritaban y apaludían los niños desde sus asientos.
Y así unos tras otro... ¡hasta 100 payasos pasaron por aquel cesped. Cada uno más divertido y gracioso que el anterior... los niños emepezaron a retirarse con agujetas en los pómulos de tanto reír... en cambio Clara... en su cara no había habido ni un pequeño esbozo de sonrisa.
La preocupación del Rey ahora era mayor... convocó de nuevo urgentemente a sus ministros, y todos concluyeron los mismo que la vez anterior... ¡hacer sonreir a Clara, sería una empresa muy difícil!
Pero hubo otro que propuso una idea:
-Majestad... ¿y si sembramos el palacio de flores de colores, y lo llenamos de mariposas?
Al Rey le pareció buena idea... y dio las órdenes oportunas para que se llevara a cabo.
Cuando llegó la primavera, no había ni un rincón del palacio que no estuviera cubierto de flores... y las mariposas revoloteaban felices, posándose sobre los hombros de Clara. 
Se formaron colas infinitas de vecinos de otros reinos que venían a conocer la maravillosa frondosidad de aquel palacio... todo el mundo salía extasiado... ¡qué belleza! ¡Maravilloso! ¡Qué gusto tiene el Rey! ¡Viva el Rey!
Pero Clara seguía sin sonrisa...
Llegó el verano y los pétalos empezaron a caer... de nuevo el Rey convocó a sus ministros:
-Es urgente encontrar la sonrisa de la princesa... pronto cumplirá trece años, se convertirá en una muchacha, y... quiero que sea feliz... ¡será la futura reina! Éste país se merece un reinado alegre...  todo se cubrirá de nubes si no la hacemos reír!
Un tercer ministro se adelantó:
-Majestad... la princesa está triste desde que apenas comenzó a andar... apenas come... y sus actos son débiles y sin fuerza. Propongo llamar al doctor del reino, para que le recete algunas vitaminas... se rumorea que al hijo del Visir de oriente le pasó algo similar, y que lo solucionó con plantas medicinales...
El Rey se sorprendió ante esa propuesta... e hizo llamar al doctor:
-Un par de gotas de este frasco en ayunas, un baño diario utilizando agua de rosas, dos cataplasmas de cebolla en ese abdomen tan sobresaliente... y si con esto no nota mejoría, entonces Majestad, deberá plantearse seriamente que tal vez la princesa Clara sea una niña aburrida... yo conozco algún caso más! No tiene que preocuparse por nada! Es más habitual de lo que parece.
El Rey dejó pasar un mes, y otro, y otro... pasó el cumpleaños de Clara, la fiesta fue un fiasco. Ella no se levató ni probó bocado durante todo el banquete. Se la veía débil, quejumbrosa... con dolores abdominales continuos... El Rey la miraba y veía a su hija débil y chiquitita. 13 años habían pasado desde que su madre la trajo al mundo. Era una niña sana y fuerte... con unos buenos pulmones que inundaban de llanto las noches de palacio.
Y justo cuando comenzó a dar sus primeros pasos, la sonrisa se le nubló, la mirada se secó, ya no tenía brillo... las palabras alegres y de cariño fueron dejando paso a llantos y quejas.
Y entonces el Rey se acordó del caso del hijo del Visir... y sin pensárselo dos veces, lo hizo llamar a su presnecia.
Tardó varias semanas en llegar, vivía en un país mu lejano... primero 12 días en un barco, y después otros 12 a caballo.
Daniel se presentó ante el Rey:
-Me ha mandado llamar Majestad... soy Daniel Vertuán, hijo del Visir de Persea. ¿Qué desea de mí, Señor?
El Rey le invitó a sentarse, pidió que le sirvieran la comida y comenzó a explicarle el motivo de su presencia allí... pero... pasó una cosa. Cuando Daniel vio los alimentos que llegaban, los rechazó... él tan solo tomaría cordero a la brasa, arroz blanco y fruta...
¡Qué caprichoso! Pensó su Majestad... aún así, era la única oportunidad de salvar a su hija, así que prosiguió con su historia.
Cuando Daniel sació su apetito, quiso ver a la princesa... y... se llevó las manos a la cabeza! Cayó de rodillas!
-Señor-se dirigió al monarca-la tripa de su hija... se parece a la  que yo tenía hace años. Y... esas ojeras, esas mejillas sin color... su hija es celíaca señor!
-¿Celíaca? ¿Eso qué es? ¿Qué quiere decir Daniel? ¿Eso es un insulto? ¡Ordenaré que le arresten!
Daniel se puso en pie:
-No señor... su hija no puede tomar trigo, ni centeno, ni cebada... ni avena. Señor, deje que la enseñe a comer como yo, y le prometo que en un par de días, recuperará la sonrisa... de lo contrario, le presentaré mis muñecas gustosamente, para que sus guardias me arresten.
El Rey se lo pensó durante un rato... la princesa estaba allí, sentada, inerte... triste... blanca.
Y asintió... 
Daniel tomó de la mano a Clara y la acompañó a la cocina.
Pidió que le prepararan arroz y cordero a la brasa, y se lo ofreció... Clara tomó, como siempre un par de tenedores y se negó a seguir comiendo.
Daniel acompañó a la princesa a pasear por el jardín, se sentó cerca cuando ella descansaba y... en la merienda, volvió con ella a la cocina.
Está vez pidió que molieran maíz, y preparó unas estupendas tortas sin gluten... ¡delicososas! fue capaz de articular Clara.
La cena consistió en pescado al horno con patatas... Daniel vigiló en todo momento la cena para que no se mezclara de ningún modo con el resto de comida.
Tres días más tarde, una mañana muy temprano, el Rey de despertó sobresaltado. Los gritos de Clara se oían desde todos los rincones del palacio.
El monarca preocupado, saltó de la cama en pijama y lo que se encontró le dejó patidifuso!
-Papá, papá-gritaba Clara-soy feliz, no me duele nada! Soy feliz papá!! Gracias Daniel... gracias.

Desde entonces Clara solo tomó alimentos sin gluten, y poco a poco, su salud se fue recuperando... y la sonrisa tornó a sus labios, contagiando de felicidad a todo el reino.

¿Y qué pasó con Daniel?
Un tiempo después volvió a su país, estudió medicina y fundó un hospital especializado en enfermedad Celíaca.

Cuenta la historia que Clara y Daniel siguen intercambiando correspondencia... y que muy pronto le darán una sorpresa al Rey,  ¿qué será?

lunes, 18 de abril de 2016

Los profesores y el gluten...

¿Te acuerdas de cuando eras pequeño  y hacías collares de macarrones ?


Todos hemos hecho alguna vez un collar con algún tipo de pasta. Pues bien, mi hermana no. Ella es celíaca y aparte alérgica al gluten, lo que significa que no puede comer ni tocar nada que contenga gluten. 

 Como ella no podía tocar la pasta, la dejaban en una mesa aparte sola y le daban un dibujo para colorear, mientras los demás se divertían todos juntos . Con toda la razón ella llegaba  a casa toda triste.

¿Por qué los alérgicos tienen que estar excluidos, no podemos incluirles? , esto no es integración.

¿Qué trabajo cuesta comprar macarrones sin gluten para todos? ¿O hacer otra cosa? ¿Por qué si hay un niño celíaco o alérgico, nos empeñamos en dejarle apartado y aislarle en vez de integrarle?

Hemos cambiado muchas costumbres porque no eran sanas, o porque no nos gustaban... pues podríamos hacer lo mismo en el caso de los niños y niñas celíacos, yo no lo veo tan difícil. 

Hay tantas actividades que nos unen, que no merece la pena organizar nada que no nos integre a todos.

La plastilina, las ceras, las témperas, las acuarelas, cualquier producto que vayamos a utilizar.

Queridos profesores, si son sin gluten, mucho mejor.

Por favor.

Seguimos leyéndonos.

viernes, 15 de abril de 2016

Menú sin gluten en los hospitales...

Mi madre, cuando tenía 18 años, tuvo un accidente de coche y estuvo en el hospital de Oviedo un tiempo.

Una noche le trajeron la cena, como todos los días, y se dio cuenta de que era demasiado buena para ser sin gluten. Entonces se lo dijo a la enfermera, y ella insistía, y volvía a insistir en que no contenía gluten y que se lo podía comer con tranquilidad.

Mi madre se negó y aquel día se quedó sin cenar.



Al día siguiente se lo contó al médico, el médico regañó a la enfermera... y la enfermera a mi madre, sin mucha razón, porque el error fue suyo.

Pero ya había menú sin gluten.

Han pasado desde entonces más de 15 años, y todavía hay hospitales donde no hay un menú para enfermos celíacos... ¡Cosas que hay que cambiar! Aunque solo sea uno, tiene que tener menú para todos.

Pero, ¿y qué me decís de las cafeterías de los hospitales?

Cuando a mis hermanos o a mí, nos hacen análisis de sangre, tenemos que ir sin comer nada. Después nos vamos a la cafetería del hospital a desayunar... un vaso de leche con cacao apto, pero nada más.

¿Tan difícil es tener algo envasado para nosotros los celíacos?

¿Y qué pasa cuando una madre o un padre celíaco se queda a dormir en el hospital con su hija o su hijo?

Vamos a imaginar a un amigo que se llama Juan y que se opera de apendicitis. Los padres se quedan a dormir con él, porque tiene seis años. La primera que sale a desayunar es su madre celíaca, y va directa a la cafetería del hospital. ¿Qué pide? ¿Hay algún alimento para desayunar sin gluten? No sé... una tostada, por ejemplo.

Igual no... y si la hubiera estaría contaminada.

En algunas cafeterías, de algunos hospitales ya hay magdalenas envasadas para que no se contaminen, pero en la mayoría no hay nada.

La madre de Juan, se tomará un café y esperará a que alguien le traiga de casa, algo sólido que pueda tomar.

¡Así vivimos los celíacos, así! Pendientes de un envase...

¡Seguimos leyéndonos!